
La Lotería Cortical.
Jose Davidow
Aug 31, 2024
La Lotería Cortical.
Primera Parte
El Optimismo y el Pesimismo.
Una vida exitosa requiere, probablemente, un balance apropiado entre optimismo y pesimismo. Un optimismo exagerado puede llevar a tomar riesgos que conduzcan al desastre.
La visión pesimista, lleva a preocuparnos por peligros tal vez inexistentes. Es fuente de ansiedad y depresión. Focalizando en lo que puede salir mal, dificulta la acción, puede volvernos pasivos.
Ambos extremos pueden afectar nuestra salud y longevidad.
El título de este post y la idea, vienen del libro de Jonathan Haidt “The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom”. Basic Books. 2006. (1)
Es un libro sobre la felicidad, algo que los seres humanos buscamos. En uno de sus capítulos habla de la “Lotería Cortical”.
El desarrollo del post está basado en la revisión de David Hecht: Hecht D. “The neural basis of optimism and pessimism”. Exp Neurobiol. 2013 Sep;22(3):173-99. (2)
El elefante y su conductor.
Haidt comienza por referirse al cerebro humano como la combinación de varias estructuras, que, interactuando, dan lugar a lo que pensamos, sentimos, imaginamos, creemos, y a la forma en que actuamos.
Desarrolla una metáfora, la del elefante y su conductor. El cerebro tiene áreas no conscientes, determinantes principales de nuestra conducta, y la conciencia. Esta trata de interpretar y explicar, lo que pensamos, sentimos y hacemos. Un elefante y su conductor.
El elefante es nuestro cerebro antiguo, emocional, animal, desarrollado durante millones de años. Cuenta con una sabiduría extraordinaria, que la evolución le ha otorgado.
En tiempos más recientes, apareció el conductor, el jinete, nuestra conciencia racional.
La mayoría de nuestros deseos, intuiciones y sesgos vienen del elefante. La conciencia trata de dar sentido a esos deseos e intuiciones. El elefante mira el mundo de una cierta manera. El conductor solo puede seguir, interpretar y dar sentido a esa forma de ver. El elefante tiene deseos y el jinete tiene razonamiento. Evalúa la realidad e intenta dirigir al elefante con lo que llamamos el raciocinio, y la voluntad.
Pero muchas veces, deseos, impulsos y sesgos se imponen.
Nos sorprendemos haciendo o diciendo cosas que luego, a veces, lamentamos. O hacemos lo contrario de lo que debemos y nos propusimos hacer. Raciocinio, voluntad, deseo y conducta están a menudo en pugna.
Nuestro libre albedrío, si existe, es limitado.
“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí”.
Así se lamenta el apóstol Pablo en su Carta a los Romanos. (Romanos 7:19-25)
El elefante puede, entre otras cosas, estar programado para ser pesimista u optimista. Nos obliga, a ser optimistas o pesimistas. Es nuestro destino.
Nuestra felicidad, nuestra salud y longevidad dependen en gran parte de estas formas de ser. De este programa.
En una segunda parte hablaremos de optimismo, pesimismo y salud.
Optimismo, pesimismo.
Todos tenemos momentos optimistas y momentos de pesimismo. Todos tenemos días soleados y días lluviosos y oscuros. Cristales rosas, cristales oscuros.
Pero la mayoría de las personas, tienen una tendencia a pensar, sentir y actuar, en formas que se aproximan a los extremos. Hay quienes permanecen optimistas ante las mayores dificultades. Hay optimistas que lo son siempre. Hay pesimistas que lo son siempre.
El optimismo y el pesimismo se definen como atributos psicológicos, rasgos de la personalidad. Caracterizados por ver lo mejor, o lo peor, el vaso medio lleno, o el vaso medio vacío, las cosas buenas o malas de la vida.
El mundo del Optimismo.
Optimismo es la expectativa de que nos van a suceder cosas buenas, la creencia en un futuro favorable.
Para el optimista el mundo ofrece oportunidades. Cree con convicción, en la idea de que puede controlar los resultados futuros. Un sesgo que hace ver la realidad y el resultado de sus acciones, como favorables. El optimista confía en sí mismo. Mira el mundo con confianza. Confía en la gente.
Su vida está determinada por la confianza. Diríamos por la fe.
El optimismo como rasgo, como disposición permanente del carácter, se relaciona con varias ventajas.
El estado de ánimo es consistentemente mejor, menos ansioso, menos depresivo, predomina el buen humor. Esto mejora la capacidad de resolver problemas o enfrentar desafíos. La vida es más placentera. La salud es mejor.
El éxito en diversos contextos, en el trabajo y en los emprendimientos, es mayor. El optimista tolera mejor la adversidad, no vacila en volver a empezar. Sigue intentando lograr sus objetivos. Tolera mejor las críticas.
El atractivo social de los optimistas es mayor. Las personas los ven favorablemente, son simpáticos, divertidos, hacen muchos amigos.
Reciben mayor apoyo de dichos amigos. Al multiplicar sus relaciones y sus amistades, generan más oportunidades en todos los órdenes de la vida.
(Carver CS, Scheier MF, Segerstrom SC (2010) (3) (Scheier MF, Carver CS., 2018) (4)
Uno de los motivos que hacen a los optimistas más aceptados socialmente, es que se los percibe como capaces de arriesgarse. Y lo son, más aún, muchos se sienten atraídos por el riesgo. Deportes de riesgo, situaciones de riesgo. Se los supone valientes. El valor se admira. (Milhabet I, Le Barbenchon E, Cambon L, Molina G., 2015) (5)
El optimismo tiene una relación fuerte positiva con 3 de los 5 Factores de la personalidad a saber: Extroversión, Amabilidad y Apertura a la experiencia. Y parcialmente negativa con Neuroticismo. (Sharpe J. Martin N. Roth K. (2011) (6)
El modelo de los Cinco Factores de la Personalidad: es un intento, generalmente aceptado, de acotar la infinita variabilidad de la personalidad humana en 5 factores principales. Estos son: Neuroticismo, Extraversión, Apertura a la Experiencia, Amabilidad y Responsabilidad. Constituye un marco integrador en el cual se dan cabida a los múltiples y diferentes constructos de personalidad en el ámbito de la normalidad. (Goldberg LR.1993) (7)
Los optimistas no sienten ansiedad ante el futuro, lo suelen esperar con confianza. Creen tener el control. Sus expectativas son de logro, no dudan, o por lo menos no dudan mucho. Además, es placentero tener expectativas futuras favorables. Un motivo más para ser optimista.
Recaer en un sesgo optimista.
Los optimistas pueden quedar atrapados en un sesgo optimista. El de ignorar peligros y dificultades.
Este sesgo optimista ha llamado la atención de los investigadores. Ser más optimistas de lo esperable. Creer que tienen menos riesgo de experimentar eventos negativos, tener mejores chances de que les sucedan cosas buenas.
Esperar cosas positivas del futuro, sin evidencias que sostengan dichas expectativas. Esperar vivir más, y más saludablemente que el promedio de las personas. Desestimar la posibilidad de divorciarse. Sobreestimar las posibilidades de logros en el mercado del trabajo. O el éxito en un emprendimiento. (Klein C, Helweg-Larsen M, (2002) (8), (Sharot T. 2011) (9)
A este fenómeno se lo ha denominado el sesgo optimista. Algunos investigadores, (seguramente pesimistas), se muestran sorprendidos por la naturaleza paradójica de este fenómeno.
Las probabilidades de eventos buenos y malos, negativos y positivos, son iguales para todos.
Estos optimistas sesgados pueden minimizar el riesgo de tener un accidente y manejar con imprudencia. Pueden minimizar el riesgo de enfermar y evitar vacunarse, o tomar precauciones saludables. Practicar alegremente deportes de riesgo, en procura del estímulo, la excitación que provocan. Caer en la adicción al juego.
Amables y extrovertidos, confían en las personas, siendo muchas veces defraudados. Sobrevaloran su capacidad de hacer cosas. Creen que les sobra tiempo para todo. Ayudando a otros, descuidan el propio bienestar.
A pesar de ello, esta creencia seguramente ayuda a vivir mejor, aun siendo irracional.
¿Que ves?
El mundo del pesimismo.
El pesimismo es una visión en la que se destacan los aspectos negativos. El futuro está lleno de incógnitas. La sensación de que en el mundo predominan el mal y el sufrimiento. Que la capacidad de controlar del futuro es limitada.
Los desafíos mueven al pesimista, muchas veces, a permanecer pasivo, dudando de que sus esfuerzos puedan ser exitosos. Ve, anticipa, enfatiza, los peligros, las dificultades, lo malo, lo indeseable. La mala fortuna, el peor resultado.
Su vida está dominada por el temor.
En contraste con los optimistas, alegres y felices, los pesimistas sufren.
Esta disposición de carácter hace a las personas vigilantes y sensibles a las opiniones de los demás.
Para evitar evaluaciones negativas a menudo adoptan conductas defensivas, inhibidas o sumisas. Les cuesta confiar y abrirse a otras personas. De ese modo sus contactos sociales son menos numerosos, tienen pocos amigos. (Marin TJ, Miller GE., 2013) (10) (Davidson RJ., 2003) (11)
El pesimismo lleva con frecuencia a la autocrítica. Esta se centra en que siempre pudo haberse hecho mejor. Se analiza el pasado, reciente y lejano, y se encuentran mejores alternativas, que no se siguieron. El pasado aparece plagado de errores.
Hay culpa y autorreproche por lo actuado o lo dicho. Se quita valor a los objetivos logrados, se los atribuye a la casualidad, a la suerte. Esta rumiación es penosa.
Pesimismo defensivo.
Un pesimismo defensivo, aparece ante los desafíos y problemas que se enfrentan en la vida diaria. Es una estrategia cognitiva de las personas pesimistas, que les ayuda a manejar la ansiedad, y perseguir sus objetivos. Consiste en pensar en términos concretos y vívidos todas las cosas que pueden salir mal. Se limitan las expectativas y se consideran todos los posibles escenarios de fracaso.
El pesimista no cree poder controlar los innumerables factores que gobiernan los desenlaces. Dudan y temen. Pensando en lo peor se sienten más seguros, preparados para la frustracion, para la desdicha.
La primera publicación sobre pesimismo defensivo parece ser la de Julie Norem y Nancy Cantor, (Norem, J. Cantor, 1986) (12) (Norem, J. (2007) (13).
Sindrome del impostor.
Dudando de la propia capacidad, los pesimistas pueden experimentar el síndrome del impostor, sus dudas sobre ellos mismos los llevan a percibirse como fraudes.
El síndrome o fenómeno del impostor, es un conjunto de ideas que aparecen en personas pesimistas, que han logrado éxitos, y ocupan posiciones de prestigio.
Por las extrañas razones que generan el pesimismo, aparecen dudas sobre lo actuado y logrado, sobre las propias habilidades. Pensamientos reiterativos analizan la situación en que se encuentran y los méritos o deméritos de la misma. Atribuyen los logros a factores externos, a la suerte, a la casualidad, a las relaciones.
Al equivocado juicio de quienes aprecian su persona. Aparecen el temor a defraudar y ser descubiertos como mentirosos.
El fenómeno del impostor fue descripto por primera vez por Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978. (Clance P, Imes S,1978) (14)
Desde entonces ha despertado interés y sido objeto de numerosas publicaciones. Una actualización del tema puede verse en: (Bravata DM, Watts SA, Keefer AL, et al., 2020) (15) (Ibrahim F, Münscher JC, Herzberg PY.,2022) (16)
Hipocondría.
Algunos pesimistas son hipocondriacos. El trasfondo de la hipocondría, la obsesiva preocupación por la salud, es complejo, incluye varios factores. Pero es tambien un ejemplo de pesimismo extremo. Es el convencimiento de que solo lo peor, el peor diagnóstico, puede ser cierto.
Toda interpretación favorable de los síntomas que se padecen, es sospechosa de error. Un diagnóstico favorable genera la idea de que el médico se equivoca. El resultado normal de un estudio indica que el laboratorio debe haber errado. Conviene repetirlo. Y despues la duda puede persistir, tal vez erraron de nuevo. (Hecht D., 2013) (2)
El pesimismo y los 5 factores de la personalidad.
El pesimismo se asocia con uno de los factores negativos de la personalidad. Puntúa alto en Neuroticismo: ansiedad y depresión. Puntúa bajo en Apertura a la Experiencia. Tiende a la Introversión, que es lo contrario del factor Extroversión. (Forsman LJ, de Manzano O, et al., 2012) (17)
Lo que piensa el grupo, las opiniones de la mayoría, el entusiasmo popular, lo que todos aceptan, no convencen al introvertido, pesimista y reflexivo. Las relaciones con las personas se vuelven cálidas, solo cuando creen estar seguros y superan la defensiva desconfianza. Esta, entre otras, es la causa de que su número de amigos y relaciones sea limitado.
En los otros 2 factores, Amabilidad y Responsabilidad, su puntaje no se diferencia del optimismo.
Hybris y Némesis.
La Hybris o Hubris, entre los griegos, era la soberbia, la desmesura, la vanidad de algunos, que se sienten triunfadores. Némesis era el castigo de los dioses a la soberbia humana. El pesimismo lo tiene muy presente, a los buenos momentos, a los logros, han de seguir malos momentos, y fracasos.
Némesis. Es una deidad que castiga la desmesura. Sus sanciones tienen usualmente la intención de dejar claro a los mortales que, debido a su condición humana, no pueden ser excesivamente afortunados. Ni felices.
Y el mundo de todos.
“Vivimos por la fe”. Pablo a los Corintios 5:7-9.
La frase, un poco fuera de contexto, de San Pablo, se nos aplica a todos. Optimistas y Pesimistas. Que mañana será otro día, que viviremos, que el sol seguirá saliendo. Que amigos y seres queridos seguirán a nuestro lado. Que el mundo no se termina mañana. Todos vivimos por esta Fe. Es una fe no religiosa.
Aun teniendo esa cuota de fe, en el mundo del pesimismo predomina el temor. El miedo gobierna la vida.
El despertar de todos los días, nos pone ante la realidad. Esa realidad es variable. A veces favorable a veces desfavorable.
Pese a ello, salimos a esa realidad, optimistas y pesimistas. Algunos confiados y vigilantes otros. Los optimistas con un humor más alegre, esperando con confianza grandes cosas de la vida. Aunque a menudo se frustren.
Los pesimistas con su humor reservado, esperan tambien grandes cosas de la vida, pero dudando. Coinciden en general, con la primera de las cuatro nobles verdades del budismo: “La vida es sufrimiento”
Considerando la historia, los humanos han generado inmensos sufrimientos. Las guerras incesantes, que continúan, las tiranías de diverso color. La miseria y el hambre. A las catástrofes naturales se suman otras, creadas por el hombre. La vida ha sido y es, para muchos, sufrimiento. El optimismo ayuda a olvidar y seguir adelante. Los pesimistas son proclives a tener esta realidad, presente.
Pese a ello, viven, se enamoran, trabajan, estudian, desean. Luchan como todos. El pesimismo del que son conscientes lo explican como realismo.
Ser pesimista es simple, mucho más simple que ser optimista. Tiene fundamento en la realidad, el peligro está presente siempre. Existen las dificultades y los peligros. Las personas nos defraudan. Nos equivocamos frecuentemente. Pudimos haberlo hecho mejor.
Vivir requiere un balance entre optimismo y pesimismo. El equilibrio implica un optimismo cauto y razonado, evaluar la realidad con adecuada precisión. Tambien arriesgarse y fracasar. Caer y levantarse.
Desde el punto de vista evolutivo, se me ocurre que el ser pesimista es estar mejor protegido del peligro. En tiempos pasados, detectar amenazas, mientras marchábamos para cazar o recolectar, era esencial. Detenerse, no avanzar, evaluar ese ruido, esa sombra, asegurarse antes de dar el próximo paso. Activar el mecanismo de lucha huida para estar preparado, era esencial para sobrevivir.
Hoy, en entornos más seguros, genera alarmas innecesarias, se aplica en situaciones muy distintas. Desconfiar en exceso. En el trabajo, entre amigos, en los grupos, vigilar, callar. Aunque algunos entornos urbanos son tan o más peligrosos, como antaño era la naturaleza.
A su vez, un exceso de optimismo en el entorno primitivo, no estar alerta, no desconfiar, no detenerse a mirar, podía ser fatal. En tiempos recientes el optimismo ayuda a seguir adelante, a esperar tiempos mejores.
Muchas publicaciones exploran la relación entre el optimismo, el ser optimista, o el ser pesimista, como rasgos persistentes de la personalidad y la salud. Parece haber una correlación positiva entre el optimismo y una mejor salud. Lo analizamos en detalle en la segunda parte de este posteo.
El programa.
Nuestro elefante contiene múltiples programas. Entre ellos, uno para el optimismo y otro para el pesimismo.
Cuando hablamos de pesimismo y optimismo, estamos hablando de cómo nos sentimos, con respecto a la realidad. Es decir, de nuestras emociones.
La emoción se define como el estado afectivo, que se origina en respuesta a la percepción de un objeto o situación.
La emoción es un proceso psicofisiológico. La valencia de una emoción se refiere al tono hedónico de la misma. Este va de lo desagradable: como ansiedad, dolor, rechazo, tristeza, temor, disgusto, enojo. A lo agradable: como placer, satisfacción, felicidad, alegría, contento, diversión.
En base a la valencia podemos calificar a las emociones como positivas, agradables. O negativas, desagradables.
El organismo manifiesta el tono emocional, con diferentes ritmos cardíacos, presión arterial, resistencia vascular, (actividad de los sistema simpático y parasimpático), producción de cortisol y funciones cerebrales.
La actividad de los hemisferios cerebrales varía y determina la calidad de la emoción que estamos experimentando.
Las emociones se sienten en el cuerpo, no solo en la mente. Nos afectan positiva o negativamente. Nos sanan o nos enferman.
Además, orientan nuestra brújula.
La Brújula.
Todo ser viviente se guía por una brújula esencial. La aguja señala hacia aquello que es necesario y útil para la supervivencia, y condiciona nuestro deseo o apetito.
Por otro lado, señala lo que es dañino, perjudicial. Y nos mueve a rechazar y alejarnos. Las dos dimensiones básicas que organizan la conducta: acercarse o alejarse. El gusto y el disgusto.
Jeffrey A. Gray, (citado por Hecht, D., 2011) (2), propuso que nuestra interacción con el medio está controlada por dos sistemas neurales, dos circuitos cerebrales.
El circuito de activación de la conducta, (en inglés BAS, behavioral activation system) y un sistema de inhibición de la conducta (BIS, behavioral inhibition system).
El BIS es sensible al peligro, responde a aquello que nos provoca temor, aquello que puede implicar un displacer. Aquello nuevo, cuyos efectos no conocemos. Aquello que pensamos, o intuimos, o sabemos por experiencia, que será negativo para nosotros.
Nos mueve a alejarnos y a rechazar. El BIS genera aversión. El BIS nos aleja, controla la conducta aversiva, el rechazo. Se asocia con temor, ansiedad, frustracion, tristeza.
El sistema de activación de la conducta, responde a aquello que puede significar recompensa, placer, satisfacción. El impulso hacia tales objetivos puede ser muy intenso, e implicar riesgos no previstos. El BAS controla el deseo, el apetito, la motivación. Se asocia con esperanza, felicidad, alegría.
(Hecht, D., 2011) (2) (Carver &White, 1994) (18) (Harmon-Jones et al., 2010) (19) (Keune PM, Bostanov V, et al., 2011) (20) (Davidson RJ, 1992) (21)
La brújula, además, tiene la esencial función de discriminar y tener en cuenta que, lo malo percibido es más importante que lo bueno, para nuestra supervivencia.
Pensemos, dejar escapar una presa es malo. Pero no detectar un predador que puede devorarnos es más importante. Lo malo debe predominar en nuestra atención.
Una parte de nuestro cerebro llamada el tálamo, recibe toda la información sensorial. Es la primera instancia, y la trasmite a la corteza cerebral.
Debajo del tálamo está la amígdala, que recoge patrones, en el flujo constante de información, que nos llega de los sentidos. Si detecta un peligro, activa directamente el mecanismo de lucha-huida. En una décima de segundo nos pone en alerta, e inicia una conducta protectora.
Clásicos ejemplos, tocamos una superficie caliente, la mano se aparta antes de pensarlo. Algo se desliza delante de nosotros y saltamos, pensando, después, que podría ser una serpiente. Esa figura en la sombra, ¿es un predador? La amígdala es un generador de alerta roja.
Se ha demostrado que el BIS y el BAS están representados en distintos hemisferios cerebrales. El hemisferio izquierdo nos motiva a actuar, acercarnos, el hemisferio derecho a evitar. A alejarnos.
En cada hemisferio.
Cuando nuestra conducta muestra una tendencia a acercarnos, a desear, a requerir, a sentir apetito, nuestro hemisferio cerebral izquierdo es el más activo.
Por el contrario, la tendencia a rechazar, apartarse, sentir algo como peligroso, vigilar y desconfiar, implica mayor activación relativa del hemisferio derecho.
El BAS está representado en el hemisferio izquierdo, (región prefrontal dorsolateral y medial). El BIS en el hemisferio derecho, (región prefrontal, amígdala, ganglios basales e hipotálamo).
Este modelo de activación vía el hemisferio izquierdo, e inhibición vía el derecho se extiende a todos los fenómenos mentales. El inicio de una respuesta verbal activa el hemisferio Izquierdo, mientras que decidir mantener silencio, el hemisferio derecho.
El hemisferio izquierdo activo, se asocia no solo con un estado mental temporario, sino tambien con el optimismo como característica de la personalidad. Lo mismo ocurre con el hemisferio derecho y el pesimismo.
El hemisferio izquierdo, cuando es activado, genera un tono emocional activo, positivo. Una sensación de confianza en la capacidad de manejar las situaciones y optimismo sobre el futuro. Genera ganas de hablar, compartir con quienes nos rodean. Extroversión, sonrisas, simpatía. Búsqueda de emociones, experiencias, riesgos.
(Hecht D., 2013) (2) (Keune PM, Bostanov V, et al., 2011) (20) (Davidson RJ, 1992) (21)
El hemisferio derecho, activado por el peligro, real o supuesto, genera un tono emocional vigilante e inhibido, con sensaciones y pensamientos de temor. Aparecerá una conducta aversiva, desconfiada de eso nuevo, ansiosa, reticente.
Las emociones placenteras son izquierdas y las desagradables son derechas. (Davidson RJ., 1992) (21) (Schaffer CE, Davidson RJ, Saron C.,1983) (22)
Conviene señalar que nuestra brújula tiende a estar orientada hacia el placer inmediato. Esto es bueno, a veces, y puede llevarnos al desastre otras. Comer es necesario y bueno, excederse por el placer que genera, es malo.
Con las adicciones, el norte queda fijado hacia la droga, el alcohol, el juego. Con la búsqueda de emociones, o de likes, nos lleva a la selfie al borde del abismo.
No siempre es bueno seguir el norte del gusto. Postergar el placer inmediato, en procura de un beneficio futuro, es de gran importancia para lograr objetivos, y tener una vida saludable y exitosa.
Aclaración para lo que sigue. Nature vs. Nurture.
La discusión sobre lo genético y lo adquirido, lo innato y lo aprendido, la tábula rasa vs. lo que los genes determinan, en la personalidad, es permanente. Mi opinión, muy influenciada por las descripciones de los rasgos y conducta de gemelos idénticos separados al nacer, es que el componente genético es muy importante.
Inteligencia, extroversión, valentía o cobardía, religiosidad, inclinaciones políticas, gusto por las comidas picantes, o el jazz, son más parecidos en gemelos idénticos, que en gemelos fraternos. Los genes parecen influir en muchas peculiaridades de las personas. Otros opinarán diferente. Al hablar de lotería cortical hablamos de la suerte, de haber nacido con diferentes tendencias, haber nacido optimistas o pesimistas. Opino como Jonathan Haidt y muchos otros. (1)
La lotería cortical.
“The mind is its own place and in itself can make a heaven of hell, and a hell of heaven”. John Milton, en Paradise Lost.
Este párrafo de Milton es una paráfrasis de Marco Aurelio, el emperador y filósofo estoico, quien en sus “Meditaciones” expresó:
“No hay nada bueno o malo, el pensamiento lo hace bueno o malo”.
Otro filósofo estoico, Epicteto, lo dijo así: “No son las cosas las que nos atormentan, sino las opiniones que tenemos de ellas”
Jonathan Haidt cita, de Shakespeare, al Principe Hamlet, cuando este expresa: “How weary, stale, flat and unprofitable, seem to me all the uses of this world”
Luego dice Haidt: “Hamlet no tiene suerte, su tío y su madre conspiraron para matar a su padre, el Rey. Pero su larga y depresiva reacción a esta desgracia sugiere que no tenía suerte en otra cosa, era, por naturaleza, un pesimista”. (Haidt J. 2006) (1)
El Príncipe Hamlet, por William Morris Hunt (1824- 1879)
Al igual que en una lotería, que premia y castiga, algunas personas nacen con una configuración cerebral más propicia para el optimismo. Otras para el pesimismo. Un BIS, pesimismo, o un BAS, optimismo, más activos. Acercarse o alejarse, confiar o desconfiar.
Esto puede incluir variaciones en los niveles de neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina. Así tambien, la reactividad de las áreas del cerebro responsables del procesamiento emocional.
Las cortezas frontales, derecha e izquierda, se activan en forma diferente según las emociones que experimentamos. Esto puede demostrarse con estudios diversos.
Por ejemplo, con el electroencefalograma. La asimetría frontal alfa, del EEG, es un indicador típico de activación cerebral asimétrica.
Se refiere la diferencia en la banda alfa del EEG, (8-13 Hz.). La intensidad de alfa es inversamente proporcional a la actividad del cerebro en esa región. Esta asimetría entre hemisferios se observa cuando se confronta una señal que genera temor, desagrado, en el derecho. O la inversa, cuando se experimenta placer, entusiasmo, en el izquierdo.
Pero también está presente en el estado habitual, supuestamente neutro de las personas.
Se observa que algunas tienen predominantemente activado el hemisferio izquierdo y otras el derecho.
(Davidson RJ., 2003) (11) (Davidson RJ, 1992) (21) (Schaffer CE, Davidson RJ, Saron C.,1983) (22)
Estas diferencias son en gran parte genéticas. Datos de estudios de gemelos idénticos sugieren que aproximadamente el 50% de la variabilidad entre optimismo y pesimismo se debe a factores genéticos. (Plomin et al.,1992) (23) (Caprara et al., 2009) (24)
Las condiciones socioeconómicas durante la infancia, son asimismo a tener en cuenta. Una infancia y juventud en un buen ambiente socioeconómico y familiar, podría generar mayor tendencia al optimismo, y atenuar la tendencia al pesimismo. (Ek, Remes and Sovio (2004) (25) (Heinonen et al. (2006) (26)
Pero estas formas de ver y sentir la realidad, pesimismo y optimismo, son, fundamentalmente, el resultado de la lotería cortical, que ganamos o perdemos al nacer.
Desde bebés.
El componente genético se manifiesta precozmente.
Los bebés de diez meses, con mayor actividad de ondas cerebrales en el hemisferio izquierdo están menos sujetos a sentirse ansiosos o deprimirse. Se recuperan más rápidamente de las experiencias negativas.
Aquellos con un hemisferio derecho más activo, son proclives al temor y la ansiedad. Lloran rápidamente al ser separados de sus madres. Tienen niveles de cortisol elevados y muestran mayor inquietud al ser observados durante el sueño y la vigilia. Suelen tener un desempeño menos óptimo en la Escala de Brazelton.
La Escala para la evaluación del comportamiento neonatal (Neonatal Behavioral Assessment Scale), o Escala de Brazelton (Brazelton y Nugent, 1997), es una técnica de evaluación interactiva y está considerada una de las más útiles tanto para la detección de déficits, como para la identificación de las capacidades emergentes del neonato.
Estresar bebés.
Una forma de estudiar las repuesta emocionales de los bebés, es el test llamado “the still face” (el rostro quieto, o inexpresivo).
Edward Tronick, es un psicólogo de la universidad de Harvard que desarrolló esta prueba. Se utiliza para investigar el efecto del estrés en los niños muy pequeños, la memoria que conservan y los eventuales cambios epigenéticos que conlleva. Se evalúa la respuesta observando la conducta del niño y se agregan estudios, como electrocardiogramas, electroencefalogramas, cortisol salival, conductancia de la piel y otros.
Es un paradigma de exposición al estrés, bien validado en diversas experiencias. Evalúa la respuesta afectiva, conductual y fisiológica ante un breve y moderado stress inducido.
El paradigma Still Face, involucra tres episodios de 2 minutos de duración. Durante los mismos el niño está sentado frente a su madre. La madre es instruida para que juegue con el niño unos minutos y luego detenga la acción y muestre un rostro inexpresivo, neutral, sin hablar ni sonreír, ni tocarlo, por dos minutos. (Tronick, E., Als, H., et al., 1978) (27)
En instantes, el niño muestra una fuerte respuesta del sistema simpático, e inhibición del parasimpático.
En un estudio de Thomas Ritz et al., con este método, y como ejemplo, se observan cambios a nivel cardíaco, con un aumento de la amplitud de la onda T del electrocardiograma, y arritmia respiratoria sinusal. Un poco despues el niño hiperventila y llora. Aumenta el nivel de cortisol. (Ritz T, Schulz SM, et al., 2020) (29)
A los niños les cuesta volver a la normalidad, cuando la madre interactúa de nuevo con ellos. El estudio consiste en tres exposiciones, con intervalos, a la “still face”. Algunos muestran una respuesta tan intensa a la primera exposicion que se suspenden las siguientes. (Weinberg MK, Tronick EZ., 1996) (28) No tolerar nuevas exposiciones indica muy alta reactividad al estrés.
Los que responden con mayor intensidad, son los que tiene actividad predominante en el hemisferio derecho. Son y serán pesimistas.
Sobre estas diferencias en los niños ver entre, otros: (Davidson RJ, Fox NA. 1989) (30) (Field T, Diego M, et al., 2002.) (31) (Fox NA, Henderson HA, et al., 2001) (32) (Degnan KA, Hane AA, et al., 2011) (33)
Y para siempre.
Estas tendencias son estables, y se prolongan hasta la adultez. Los niños temerosos, serán temerosos en la adolescencia. Las relaciones sociales les serán difíciles, asi tambien el trato con posibles parejas.
Como adultos que han perdido en la lotería cortical, lucharan toda su vida para soltarse de la actividad intensa de su sistema de inhibición de la conducta.
Serán proclives a necesitar psicoterapia, para lograr confiar en las personas y en la suerte. Tenderán a ver, (y a menudo estarán en lo cierto), los aspectos negativos de la realidad.
Pensando en los peligros y dificultades, esperarán poco del futuro.
Ante los obstáculos se sentirán a menudo pasivos e impotentes. En ambiente extraño guardarán silencio. Les costará confiar en otras personas. No serán felices.
Los bebés izquierdos, serán probablemente, optimistas, alegres, confiados, sociables y divertidos. Dispuestos a explorar y probar cosas nuevas. Se relacionarán fácilmente con otras personas. Harán amigos. Hablarán más. Serán más felices.
Nos contamos historias a nosotros mismos, nos explicamos las supuestas razones que nos mueven a ver la realidad con optimismo o con pesimismo. Racionalizamos nuestra predisposición genética. (Davidson RJ., 2003) (11) (Davidson RJ, 1992) (21) (Davidson, R. J., 1992) (35)
Y, como dicen que afirmaba Henry Ford, tanto si crees, como si no crees, tienes razón.
Los siempre optimistas y divertidos, y los tristes de este mundo, ambos la tienen.
Los campos visuales, son gobernados por el hemisferio opuesto. El izquierdo por el hemisferio derecho y viceversa.
Algo más sobre los hemisferios.
El hemisferio derecho se ocupa principalmente de la orientación en el espacio y los cambios que se producen en el mismo. Detecta le peligro.
El izquierdo está involucrado en la rutina, la repetición de conductas habituales. Mantiene la homeostasis y el ánimo relajado, la actividad fisiológica y psicológica normales.
Utilizando las diferencias entre campos visuales, que responden a uno u otro hemisferio, diversos experimentos afirman estas diferencias.
Una forma curiosa de demostrar cual hemisferio predomina, (dicen quienes investigan el tema, habrá que creerles), es pedir a las personas que marquen el punto medio de una línea recta. Pareciera que tendemos a errar, y marcamos un punto que está un poco más a la derecha o a la izquierda del verdadero centro. Errar a la izquierda indica predominancia del hemisferio derecho, pesimismo. Errar a la derecha hemisferio izquierdo, optimismo. (Drake RA, Ulrich G., 1992) (34)
Presentando imágenes subliminales de escenas peligrosas, o imágenes de caras con expresiones agresivas, se observa que son mejor detectadas y generan mayor respuesta en la conductividad de la piel, cuando son presentadas en el campo visual izquierdo, que responde al hemisferio derecho.
La conductancia de la piel, es también conocida como respuesta galvánica de la piel. La piel humana conduce mejor la electricidad, cuando está fisiológicamente excitada. Esta reacción es medible por dispositivos específicos. La conductancia de la piel puede medirse como respuesta al estrés, a las emociones.
Cuando se mue
REFERENCIAS
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