
Loteria cortical..Parte II
Jose Davidow
Aug 31, 2024
La Lotería Cortical.
Segunda parte.
El Optimismo, el Pesimismo, y la Salud.
En la primera parte de este posteo, decíamos:
“Una vida exitosa requiere, probablemente, de un balance apropiado entre optimismo y pesimismo”.
Este balance es difícil. En la lotería cortical nos puede haber tocado la condena del pesimismo. O el premio del optimismo. El balance implica tomar conciencia de nuestra disposición pesimista u optimista y buscar el equilibrio.
El pesimismo es una pesada carga y además es malo para la salud.
El optimismo, nos hace más felices y se asocia con mejor salud. Excepto situaciones en las que el optimismo nos lleva a tomar riesgos, placenteros, pero con consecuencias inciertas.
Imagen de salud, según la OMS, incluyendo física, mental y social. Wikimedia Commons.
La salud de unos y otros.
El optimismo se asocia a mejor salud. Las causas no son claras. Niveles altos de optimismo se relacionan con mayor bienestar subjetivo, en el día a día y en tiempos difíciles. Menos estrés.
Variables sociales, como las amistades, la integración a grupos afines y el apoyo de otras personas, son predictores de mejor salud física. (Scheier MF, Carver CS., 2018) (3)
Los optimistas suelen manifestar un estilo interpersonal cálido, algo dominante. Los pesimistas, uno más desconfiado y distante, a veces sumiso. Hablan menos, sonríen menos. Evitan conversar con extraños.
Esto hace que los optimistas sean percibidos como más agradables, simpáticos y atractivos. Son más populares y están mejor integrados. Tienen muchos amigos. A menudo se destacan y lideran en los grupos, primeros en el orden de picoteo.
En etología se utiliza el concepto de orden de picoteo (pecking order), orden de jerarquía, para explicar por qué unas gallinas comen más que otras. Pero en los grupos de humanos, también hay diferencias sociales. Los que pueden hablar y son siempre escuchados, y los que tratan de opinar sin serlo.
Con las actitudes enérgicas y confiadas, con las que encaran sus objetivos, obtienen mayores beneficios en lo socioeconómico.
Persisten en sus esfuerzos y logran mejor educación, mejor status y mejores ingresos. Status e ingresos elevados, se relacionan con mejor salud. (Clark AM, DesMeules M, et al., 2009) (4)
Con su talante alegre y comunicativo, les va mejor en las relaciones sociales y mejor con sus parejas.
(Scheier MF, Carver CS.,2018) (3) (Forsman LJ, de Manzano O, et al., 2012) (5) (Böhm, Robert & Schuetz, Astrid, et al. 2010) (6) (Holt-Lunstad J, Smith TB, 2010) (7)
Enfermedad y mortalidad. Optimismo y pesimismo.
En septiembre de 2019, se publicó en JAMA, un metaanálisis de la relación entre optimismo y mortalidad cardiovascular. (Rozanski A, Bavishi C, Kubzansky LD, Cohen R., 2019) (8)
Dado que la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte, merece ser el comienzo de estas reflexiones.
Los autores señalan que “optimismo y pesimismo se pueden medir con facilidad y son formas de pensar potencialmente modificables”
Y concluyen: “Nuestros hallazgos sugieren que el optimismo se asocia con menor riesgo de eventos cardiovasculares, y de mortalidad por todas las causas. Las intervenciones para promover el optimismo, y reducir el pesimismo, tendrían un potencial beneficio”.
Uno de los estudios con datos más notables sobre el optimismo y la salud cardiovascular, fue el Women's Health Initiative (WHI).
Realizado para evaluar la calidad de vida, enfermedades, morbilidad y mortalidad de las mujeres en Estados Unidos. Se estudiaron 95.000 mujeres durante un período de 8 años, personas sanas en el inicio del estudio.
Los resultados fueron claros y sorprendentes. Las optimistas tuvieron menor incidencia de enfermedad cardiovascular y muertes por tal causa, asi como una menor mortalidad por todas las causas. (Tindle HA, Chang YF, Kuller LH, Manson JE, et al., 2009) (9)
En un estudio de Lewina Lee y colaboradores, el optimismo aparece relacionado con una prolongación de la vida, de un 10 a 15%.
Dicen los autores de este último: “las investigaciones sobre la longevidad excepcional, se han enfocado en identificar los factores biológicos asociados con dicha longevidad. Estudios recientes señalan, además, que factores psicosociales, como el optimismo, tambien contribuyen a reducir el riesgo de enfermar y de muerte prematura.”
Señalan que el optimismo se relaciona con una prolongación del 10 al 15% del tiempo de vida, en promedio. Estos resultados son independientes del estado socioeconómico, condiciones de salud y estilo de vida. El optimismo parece ser un factor importante para extender la vida. Genera mayor posibilidad de lograr una longevidad excepcional, vivir más allá de los 85 años.
Los datos de esta publicación provienen de dos cohortes, las mujeres del Nurses ´Health Study. Y hombres del Veterans Affairs Normative Aging Study, con seguimientos en el primer caso de 10 años y de 30 años en el segundo.
(Lee LO, James P, Zevon ES, Kim ES, et al.,2019) (10)
Corazón y cerebro.
Los optimistas experimentan menos dolor posoperatorio y menos reinternaciones, despues de una cirugía coronaria. (Rasmussen HN, Scheier MF, Greenhouse JB., 2009) (11) (Chida Y, Steptoe A., 2008) (12)
Eric S. Kim, Kaitlin A. Hagan, et al., encuentran que mayor grado de optimismo, se asocia con menor riesgo de mortalidad. Esta relación se aplica a diversas causas de muerte: cancer, enfermedad cardiovascular, ACV, enfermedades respiratorias e infecciones. Esto supone que promover la disposición al optimismo, podría ser un objetivo de investigación para mejorar la salud. (Kim ES, Hagan KA, et al., 2017) (13)
Las publicaciones que relacionan optimismo y salud son numerosas.
Para ampliar cito algunas. (Craig, H, Freak-poli, R., et al., 2021) (14) (E. S. Kim, N. Park, C. Peterson.,20011) (15) (L. D. Kubzansky, D. Sparrow, P. Vokonas, I. Kawachi, 2001) (16) (K. A. Matthews, K. Räikkönen, K. Sutton-Tyrrell, L. H. Kuller., 2004) (17) (Mroczek, D.K., Stawski, R.S., Turiano, N.A., et al.,2013) (18). (Boehm JK, Kubzansky LD., 2012) (19)
El pesimismo es temor y ansiedad. Genera estrés.
Una línea de pensamiento, en torno a las diferencias en la mortalidad de optimistas y pesimistas, postula que los optimistas serían menos reactivos al estrés de la vida.
El pesimismo, con la rumiación, la indecisión, el temor del futuro, el malestar que genera esperar lo malo, activa el sistema hipotálamo-hipofisario-adrenal, es decir el sistema del estrés, en forma repetida.
Responder menos, activar menos ese sistema, podría resultar a lo largo de los años en menor desgaste del organismo, mejor salud y longevidad. (Xin Y, Wu J, et al., 2017) (20)
El optimismo se asocia con menor frecuencia cardíaca y predominio del sistema parasimpático, que favorece la relajación. Niveles normales de cortisol y mejor función inmunológica.
Los hemisferios y el sistema nervioso autónomo.
El sistema nervioso autónomo tiene dos ramas que regulan las funciones del cuerpo: el simpático y el parasimpático. SNS y SNPS. El SNS prepara el organismo para responder a las amenazas, a los peligros. Aumenta la frecuencia cardíaca para enviar más sangre a los músculos. Aumenta la presión arterial. Dilata las pupilas, aumenta la frecuencia respiratoria, inhibe el proceso digestivo, nos hace transpirar. Promueve la secreción del cortisol. Prepara para luchar o huir.
Cuando la amenaza ha cesado, el SNPS, nos vuelve a la calma, reduce la frecuencia cardíaca y respiratoria, baja la presión arterial, contrae la pupila, cesa la transpiración, frena la producción de cortisol, y se reinician las funciones digestivas.
Evidencias anatómicas, fisiológicas y neurológicas, indican que el hemisferio derecho es el mediador de los procesos del SNS, el hemisferio izquierdo el del SNPS.
La estimulación vibrotáctil de la mano derecha, que estimula el hemisferio izquierdo, baja la frecuencia cardíaca, al activar el SNPS. Estimulando la otra mano se obtiene la respuesta opuesta. Como estas existen muchas pruebas. (Hecht, D. 2011) (1)
Estas respuestas del hemisferio derecho al peligro, se acompañan de un consecuente aumento del cortisol circulante, significando que es el hemisferio que controla la respuesta al estrés. (Wittling W.,1994) (21) (Hewig J, Schlotz W, Gerhards F, et al., 2008) (22)
Se ha observado que, bajo estrés, se produce una activación predominante del cerebro medio derecho, y paralelamente anormalidades proarritmicas, en la repolarización cardíaca.
El estudio de Hugo D. Critchley y colaboradores, concluye así: “…En el grupo de pacientes estudiados observamos una robusta relación positiva, entre la actividad lateralizada a la derecha, en el cerebro medio, y las anormalidades proarritmicas en la repolarización cardíaca, durante el estrés. Esta asociación entre la actividad cerebral lateralizada a la derecha, y la mayor vulnerabilidad del miocardio, otorga sustento a la idea de que el estrés puede generar muerte súbita”. (Critchley HD, Taggart P, Sutton PM, et al., 2005) (23)
El estrés mental puede inducir isquemia miocárdica, en pacientes que no manifiestan isquemia cuando se los somete a ejercicio, y no presentan aterosclerosis. Este tipo de isquemia es doblemente común en mujeres menores de 50 años.
El mecanismo no ha sido aclarado con precisión. El estrés podría inducir vasoconstricción de las arterias coronarias, actuando desde el cerebro para inducir esta respuesta. Una actualización sobre este tema es la de (Bremner JD, Piccinelli M, García EV, et al., 2023) (24)
Otro estudio de J.D. Bremner et al., esta vez en pacientes con cardiopatía coronaria, concluye: “…Nuestros hallazgos sugieren que el estrés mental induce isquemia miocárdica, en personas con cardiopatía coronaria. Esto se asocia con la activación de las áreas cerebrales involucradas en la respuesta al estrés, y la regulación autonómica del sistema cardiovascular. La reactividad cerebral al estrés, puede representar un mecanismo a través del cual, se incremente la morbilidad y mortalidad de la cardiopatía coronaria.” (Bremner JD, Campanella C, Khan Z, et al., 2018) (25)
George L. Engel, en su publicación pionera y clásica, enumera las circunstancias en las que frecuentemente ocurre la muerte súbita. Todas asociadas a un intenso estrés. Merece leerse. (Engel G.L. Sudden and rapid death during psychological stress. ¿Folklore or Folk Wisdom? Ann Intern Med. 1971) (26)
El resumen de Engel es: “Las circunstancias en que puede ocurrir una muerte súbita, pueden clasificarse en 8 categorías: 1) Presenciar la muerte de un ser querido. 2) Durante el duelo de una muerte, 3) Ante la amenaza de muerte a un ser querido, 4) En los aniversarios de un duelo. 5) Ante una pérdida de prestigio, con gran humillación. 6) Al ser amenazado. 7) Cuando un gran peligro ha pasado. 8) Ante un gran triunfo, o un final feliz. En todos señala Engel, existe una respuesta neurovegetativa catastrófica.
En 1967, se publicó en el British Medical Journal, un estudio sobre personas que habían sufrido la muerte de un familiar. Que padecian esa aflicción, ese duelo. En especial viudos y viudas. Comparando con otras personas similares, que no habían sufrido tal pérdida, grupo de control. Se observó un aumento de siete veces la mortalidad, en el primer año del duelo, en relación a los controles. La mortalidad fue además significativamente mayor en hombres. Indicando que el duelo aumenta el riesgo de muerte. (Rees WD, Lutkins SG, 1967) (27)
La asociación de pesimismo y función inmunológica se ha observado consistentemente. Se activan mediadores que reflejan inflamación sistémica.
El estudio de 6000 participantes del Multi-Ethnic Study of Aterosclerosis, demostró que el pesimismo se asocia con la elevación de varios marcadores de inflamación, incluyendo IL-6, Proteina C reactiva y fibrinógeno. (Roy B, Diez-Roux AV, et al., 2010) (28)
Otras investigaciones han producido similares resultados. (Brydon L, Walker C, et al, 2009) (29) (O’Donovan A, Lin J, et al., 2009) (30) (Ikeda A, Schwartz J, et al., 2011) (31)
Sobre efectos del estrés, vale la pena mencionar el estudio que, en el 2008, (Wilbert-Lampen U, Leistner D, et al., 2008) (32), publicaron en New England Journal of Medicine. Sus observaciones sobre el riesgo de mirar partidos de futbol, (se hizo durante un mundial de futbol).
Las conclusiones fueron: “Mirar un match de futbol estresante, aumenta en más del doble el riesgo de presentar un evento cardiovascular agudo. Este riesgo es especialmente aplicable a personas con enfermedad coronaria. Medidas de prevención se necesitan con urgencia.”.
La última frase es curiosa. Prohibir a los futboleros fanáticos mirar futbol, colocar televisores en salas de urgencias, para quienes están en riesgo. Este riesgo tal vez sea mayor en los optimistas, los pesimistas están más resignados a perder.
Y la depresión.
La depresión es un trastorno extraño, que contradice todo lo que en la naturaleza humana es predominante. El instinto de la propia conservación, el instinto maternal, el deseo sexual, el interés por los placeres de la vida. Funciones vitales básicas como son la alimentación y el sueño. (Beck, A.T 2008) (33)
Se considera que afecta a 350 millones de personas en el mundo. (Smith, K. 2014) (35) La prescripción de antidepresivos aumenta año tras año y el mercado de estas drogas implica miles de millones de dólares. (Greenberg, P.E.; Fournier, A.A. et al., 2018) (36)
Causas orgánicas de depresión existen indudablemente. (Hecht D., 2010} (37) Las teorías se multiplican, muy variadas, como esta, que relaciona depresión y microbiota intestinal. (Liu L, Wang H., et al., 2023) (38)
Conviene en este contexto señalar las que podrían ser causas cognitivas. Las dos teorías cognitivas de la depresión son la de Seligman, de la impotencia aprendida. (Maier SF, Seligman ME, 2016) (39) Y el modelo cognitivo de Beck. (Beck AT., 1987) (33) (Beck, A.T 2008) (34)
Ambas enfatizan la importancia del pesimismo en la etiología, permanencia y tratamiento de la depresión. En ambas teorías, la visión pesimista e impotente del futuro. La creencia en que las expectativas deseables son improbables. Y que, en cambio, ocurrirán las indeseables, son consideradas como la causa subyacente.
Diversos estudios parecen sostener estas ideas. (Alloy, Lauren & Ahrens, Anthony. ,1987) (40) (Korn CW, Sharot T, et al., 2013) (41)
Las personas deprimidas, en su permanente rememorar pasados fallos. En su elevada sensibilidad a la crítica. En su dificultad para aceptar elogios, de los que dudan y no aumentan su autoestima. Generan un estado mental, que solo puede calificarse como depresivo. Parecen no percibir la información positiva, o minimizarla.
El sustrato neurológico estaría relacionado, en estas personas con una reducción de la función prefrontal y un aumento de la actividad de la amígdala, “el timbre de alarma del cerebro” (Siegle GJ, Thompson W, Carter CS., et al.,2008) (42) (Banks SJ, Eddy KT., et al. 2007) (43)
Tom Johnstone y colaboradores, señalan que una característica fundamental de la fisiopatología de la depresión mayor, es la activación de la corteza frontal derecha y la falta de activación de la corteza medial prefrontal izquierda que debe atenuar las respuestas de la amígdala a los estímulos negativos. (Johnstone T, van Reekum CM, et al., 2007) (44)
Ver tambien (Noworyta K, Cieslik A, Rygula R., 2021) (45) (Carver CS, Scheier MF, Segerstrom SC., 2010) (2)
La mayoría de estas observaciones las he tomado de (Beck, A.T. 2008) (34)
Conclusión.
El pesimismo es malo para la salud. Es importante que podamos controlar nuestro pesimismo.
Como salir del pesimismo.
· Tomar conciencia de que se es pesimista. Y por lo tanto dudar de la evaluación pesimista que estamos haciendo. Buscar el prudente equilibrio. Dudar de nuestros temores. Darnos cuenta de nuestro sesgo pesimista.
· Hacer terapia cognitiva, nos ayudará a descubrir las argucias, inexactitudes y trampas del pesimismo.
· Meditar. Fortalecemos las áreas frontales del cerebro para controlar mejor la preocupación y el estrés. Aprendemos a reconocer los pensamientos y sentimientos negativos y dejarlos ir. Reconocerlos en su raíz y evitar la rumiación. (Davidson RJ, Kabat-Zinn J, Schumacher J, et al., 2003) (46) (Brown KW, Berry D, Eichel K, et al., 2022) (47)
· En algunos casos tomar antidepresivos. Por supuesto bajo indicación y control de un terapeuta experto. Los antidepresivos modernos, que inhiben la recaptación de la serotonina, (aunque no se entienda bien cómo actúan), mejoran la depresión y reducen el pesimismo. Tambien mejoran las fobias y los trastornos obsesivos.
· Se puede aprender a ser optimista. Hay libros de autoayuda que son útiles en ese sentido. Los más conocidos son los de Martin Seligman, un experto que ha publicado numerosos estudios científicos, y ha escrito varios. Entre ellos “Aprenda Optimismo”
Advertencia. La mente humana es compleja. Sabemos muy poco. Más allá de estas descripciones psicológicas, aproximadas, tal vez inciertas, hay un territorio desconocido.
Algo es cierto. Hay pesimistas que son buenas personas, otros que son malas personas. Optimistas que son buenas personas y optimistas que son malas personas.
Pesimistas. Mediten.
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REFERENCIAS
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